Cholila: Butch Cassidy & Sundance Kid in Patagonia

December 7, 2017

 ~Vea la versión en español abajo~

 

The sun had long fallen and night closed in without a sliver of moonlight. I was still miles away from Cholila, but still close enough to be forced to ride the winding, narrow road. The horse’s shoes were kicking up sparks, illuminating enough for cars to see us as they passed every hour or so. 

 

“Night riding was not the idea I had in mind for our day,” I kept yelling inside my head as I had to change plans and move camp at the last minute. Luckily, as myself and the animals trotted into town at 11pm, we were met with a familiar face. Fabian, a nice man who I had met previously in Coihue had offered me a roof over my head with a grass for the horses. 

The animals and I enjoyed some much needed rest days there in Cholila to recover. Darcie's paws had been worn from the journey in which her Adventure Dog Medical Kit came in handy I then used the down time as a good excuse to explore the surrounding area as it held a history very close to my heart. It was the land that kept Butch Cassidy and Sundance for years on their run from the Pinkerton agents.

 

In 1901 Butch, Sundance, and Etta Place boarded ship from New York to Buenos Aires where they mounted their horses to ride down to Patagonia, passing through The Jones’ ranch in Bariloche for some time.

After, they pulled their horses to a halt some 100 miles south of Bariloche and began their life in the heart of Patagonia, just outside of Cholila. After riding through the country, I saw that it was no surprise they landed here. The similarity between The American West and Patagonia was striking. 

 

 

 

Their 12,000-acre ranch held 1,500 sheep, 300 cattle, and 28 horses, most of which were likely stolen. Carol’s grandparents were invited to stay with Butch and Sundance years back. “They loaded up the wagon and headed south to visit their new conocidos (acquaintances),’ she tells me. “My grandfather had suspected they were bandits, but wanted to know more of their compatriots. When they arrived, my grandfather noticed that all the cattle had different branding which was a clear indication that they were stolen.” The Jones stayed just long enough to be courteous and then rode home, never to return to Butch & Sundance’s hideout.

 

 

Riding these wild, untarnished lands brought the history to life. My heart raced as the reality struck that their horses had long ran these same trails that my horses are now walking 100 years later. 

 

 I ran my hands along the timber framed log cabin wondering what their life was like then and the decisions they had made which forced them to make a run for Bolivia where most say, their lives ended in a gunfight. 

For me, it was hard to imagine wanting anything more than what I saw and felt there in that pristine valley of Chubut… an endless stretch of grass leading to snowcapped mountains, dark skies and silence only interrupted by the wind. 

 

The wind died down and in it’s stillness I thought, this is what I ride for.

 

 

 

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Cholila: Butch Cassidy & Sundance Kid en Patagonia

 

 

Hacia mucho ya que el sol había desaparecido y la noche había llegado sin siquiera un jirón de luna. Aún faltaban muchos kilómetros para Cholila aunque estaba suficientemente cerca como para verme forzada a cabalgar a lo largo del camino angosto y serpenteante. Las herraduras de los caballos sacaban chispas, dando suficiente luz como para que los autos pudieran distinguirnos cuando pasaban más o menos cada una hora.

 

“Andar de noche no era la idea que tenía en mente para nuestro día” gritaba una voz en mi cabeza: había tenido que cambiar mis planes y mover el campamento a último momento. Por suerte, cuando mis animales y yo entramos trotando al pueblo a las 11 de la noche, nos recibió una cara familiar. Fabián, un hombre amable que había conocido en Coihue y me había ofrecido un techo y pasto para los caballos.

 

 

Los animales y yo disfrutamos de unos muy necesitados días de descanso allí en Cholila que aprovechamos explorar los alrededores, que tienen una historia muy cercana a mi corazón. Fue la tierra que albergó a Butch Cassidy y Sundance Kid durante años mientras huían de los detectives de la agencia Pinkerton.

 

En 1901, Butch, Sundance y Etta Place tomaron el barco desde Nueva York a Buenos Aires, donde montaron sus caballos y se fueron a la Patagonia, luego de pasar un tiempo en la estancia de los “Jones” en Bariloche.

 

 

Siguieron a caballo hasta detenerse a unos 160km al sur de Bariloche, y se quedaron a vivir en el corazón de la Patagonia, apenas saliendo de Cholila. Luego de viajar a través del país, no me sorprendió que se quedaran allí. El parecido entre el Oeste Norteamericano y la Patagonia era llamativo.

Su estancia de más de 4.800has albergaba 1.500 ovejas, 300 vacas y 28 caballos, la mayoría probablemente robados. Los abuelos de Carol aceptaron una invitación para ir a visitar a Butch y Sundance en ese entonces. “Ellos cargaron sus pertenencias en una carreta y partieron al sur a visitar a sus nuevos conocidos” me cuenta ella. “Mi abuelo sospechaba que eran bandidos pero quería saber algo más acerca de sus compatriotas. Cuando llegaron, él notó que el ganado tenía distintas marcas -una clara señal de que eran robados.” Los Jones se quedaron el tiempo mínimo de cortesía y luego retornaron a su hogar. Nunca más volverían al escondite de Butch y Sundance.

 

 

Cabalgar en esta tierras salvajes e intactas hizo que su historia cobrara realidad. El corazón me latió más rápido cuando me di cuenta de que sus caballos habían corrido por los mismos senderos que mis caballos y yo caminábamos 100 años más tarde.

 

 

 

 

Pasé mis dedos por el marco de madera de la cabaña mientras me preguntaba como habría sido su vida en ese entonces y qué decisiones habrían tomado que luego los forzaron a escaparse a Bolivia, donde la mayoría piensa que terminaron su vida en un tiroteo.

 

 Para mí, era difícil imaginar querer algo más que lo que veía y sentía en ese valle prístino de Chubut… una extensión de pastos verdes sin fin que llevan a montañas cubiertas de nieve, cielos oscuros y un silencio apenas interrumpido por los sonidos de la naturaleza salvaje.

 

El viento se acalló y en ese momento de quietud pensé: para esto ando a caballo.

 

 

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