Patagone: Leaving Bariloche // Salida de Bariloche

November 16, 2017

~Vea la version en español abajo~

 

As one would expect, this week was absolutely one of the hardest yet most rewarding weeks of my life. 

 

Day 1 was the longest and most stressful day. Leaving Bariloche took hours of riding along busy roads and the entire time wondering if I forgot any equipment and if the stuff I did have would actually function well for the long journey ahead. 

That night I was so exhausted from the nerves, the sadness of goodbyes, and all the day’s stress that I didn’t even pitch my tent. I threw my pack tarp down and crashed with Darcie by my side after having found good grass and water for the horses. Then we had some curious visitors at the camp:

 Day 2 was a beautiful ride through The Estancia Desafio slowly climbing up, deeper into the mountains. That night I set up camp just next to a pristine river where I was surprised by Carlos, Carol, Tito, and Drew who brought me Jauja (!!!) ice cream. They spent a short time with me at camp sharing yerba mate before the rain moved in. Needless to say it made saying my goodbyes again even more difficult as I knew the next large leg of the trip would leave me completely alone.

The next couple of days took me up much higher though the mountains when by day 4 I finally had seen other human beings. The lovely family Espinoca invited me in for some yerba mate & torta frita. They even helped me fix a few of my small equipment issues. 

From there I rode south to an abandoned mine where I camped in an incredible river valley just below the snowy mountain peaks full of grazing deer. I had my first ‘shower’ of the trip in the icy-cold river and allowed both myself and the animals a much-needed rest day after covering nearly 70 miles. Darcie's paws were a big concern of mine. Each evening I'd use her Adventure Dog Medical Kit to check that they were clear of thorns and not getting to worn down. Even did a bit of laundry...

After that was the hardest day yet. The animals and I tried to pass over the mountains which would have led us directly south, but after hours of endless bushwhacking and climbing higher, we found the pass still covered in snow and completely impassable. So, I made the decision to turn east to find more even ground. 

We took off through a canyon of which I knew the river ran east. There I followed an animal trail and pressed on through the rest of the day. The animals were absolutely incredible. We crossed the rushing, winding river at least 20 times that day. By evening, after 16 hours of almost being lost, we were able to find an abandoned ranch to crash at for the evening.

 

After 3 days of not seeing another soul, I surprised the puesteros of the ranch bright and early the following morning. The lovely family Antilef:

There we shared some yerba mate while they tried to figure out exactly how I ended up inside their ranch seeing that I came over from the mountains. We shared a good laugh and then they sent me on my way with the name of his sister, who is the nurse for a small school in the next town I would hit.

 

5 miles later we arrived to the lovely school of Escuela 65, in Chacay Huarruca. Without question they immediately took my horses and turned them out to open pasture and invited me in to sleep inside the school for the evening. Plus, my first real shower during the trip!! 

 The next morning I awoke bright and early to greet the students of Escuela 65 where they were delighted to hear about the trip and meet all the animals. Needless to say it was a lovely sendoff to my next destination~

Como era de esperarse, esta semana fue una de las más duras pero más valiosas de mi vida.

 

El primer día fue el más largo y estresante. Salir de Bariloche llevó horas de andar a caballo por calles muy transitadas y preguntándome todo el tiempo si me había olvidado equipo y si lo que había llevado iba a funcionar bien en el largo viaje que me esperaba.

Esa noche estaba tan exhausta por los nervios, la tristeza de las despedidas y el estrés de todo el día, que ni siquiera armé la carpa. Extendí la lona de mi equipaje y me tiré con Darcie después de haber encontrado buen pasto y agua para los caballos... y tuvimos algunos visitantes:

El segundo día fue en una cabalgata hermosa a lo largo de la Estancia Desafío subiendo lento y  adentrándonos en las montañas. Esa noche armé mi campamento al lado de un río de aguas prístinas en el que me sorprendieron Carlos, Carol, Tito y Drew con helado de Jauja (!!!). Se quedaron un ratito conmigo en el campamento tomando mate antes de que empezara a llover. Demás está decir, que despedirse otra vez fue aún más difícil, porque sabía que la próxima etapa del viaje me iba a dejar completamente sola.

Los días que siguieron me llevaron mucho más alto a través de las montañas hasta que el día 4 finalmente vi otros seres humanos. La encantadora familia Espinoca me invitó a tomar mate y tortas fritas. Incluso me ayudaron a resolver algunas pequeñas dificultades con el equipo.

Desde ahí, fui hacia al sur hasta una mina abandonada donde acampé en el increíble valle de un río, justo bajo unos picos nevados, poblado por ciervos pastando. Tuve mi primer ‘ducha’ en las aguas heladas del río y me permití el lujo de un muy necesario día de descanso para mí y los animales luego de recorrer casi 70 millas.

 

Después vino el día más duro hasta este momento. Los animales y yo intentamos recorrer un paso que cruza por arriba de las montañas y llevaba directo a sur, pero luego de horas de un duro ascenso abriéndonos camino entre los arbustos,  encontramos que estaba totalmente cubierto por nieve y no había forma de atravesarlo. Así que decidí virar hacia el Este en busca de espacios más llanos.

 Nos internamos en el cañadón de un río que yo sabía iba hacia el este. Allí seguimos un sendero de animales y seguimos avanzando hasta que terminó el día. Los animales estuvieron absolutamente increíbles. Ese día, atravesamos las aguas turbulentas del río zigzagueante no menos de 20 veces. Cuando caía el sol, luego de 16 horas de estar perdidos, logramos dar con un rancho para pasar la noche.

 

Después de 3 días de no ver un alma, sorprendimos a los puesteros del rancho cuando llegaron con las primeras horas del día, la familia Antilef:

Compartimos unos mates mientras trataban de entender exactamente cómo había terminado en su rancho, siendo que venía de arriba de las montañas. Compartimos unas risas y luego me despidieron con el nombre de la hermana, que es la enfermera de una pequeña escuela en el próximo pueblo que estaba en mi camino.

 

5 millas más tarde, llegamos a la adorable Escuela 64, en Chacay Huarruca. Sin dudarlo, se llevaron mis caballos, los soltaron en una pastura abierta y me invitaron a dormir en la escuela esa noche. Como si eso fuera poco: ¡me di la primera ducha real en todo el viaje!

A la mañana siguiente, me desperté al alba para saludar a los estudiantes de la Escuela 65, encantados de escuchar el relato de mi viaje y conocer a los animales. Demás está decir que fue una hermosa forma de partir hacia mi próximo destino~

 

Gracias a Flor Velasco por las traducciones por el blog!

 

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