About Mate // Sobre el Mate

October 2, 2017

 

Lalo Mir, About Mate

 

Mate is not a drink. Okay, maybe it is. It’s a liquid that enters through the mouth. 

But it is not a drink. In this country, nobody drinks mate because he is thirsty.

It is rather a habit, like scratching. 

 

Mate is exactly the opposite of television: it makes you talk if you are with someone, and makes you think when you are alone.

When someone comes to your house the first sentence is ‘hello’ and the second is ‘some mates?’.

 

This happens in every house. Rich and poor alike. It happens between chatty women and  gossip girls, happens between serious or childish men.

 

It happens between the old ones of a retirement home and among adolescents while studying or doing drugs.

It is the only thing parents and children share without arguing or finger pointing.

 

Democrats and Republicans drink mate without asking.

 

In summer and in winter.

 

It is the only thing in which we resemble the victims and the executioners; the good and the bad.

When you have a son, you begin to share mate when he asks. You give it to him warm, with sugar, and they feel like a grown up. You feel a huge sense of pride when a part of your kin begins to drink mate. You heart beats out of your chest.

 

Then they, over the years, will choose whether to drink it bitter, sweet, hot, cold,  with an orange peel, with herbs or with a touch of lemon.

 

When you meet someone for the first time, you drink mate together. People ask in politeness: ‘Sweet or bitter?’ The other answers back: ‘As you drink it.’

 

The keyboards of Argentina all have spilled tea leaves of the yerba. The yerba is the only thing here that is always in every home. Always. Even with inflation, with hunger, with military goverments, with democracy, with any of our eternal plagues and curses. And if one day there is no yerba, a neighbor will have it, and will give it to you. The yerba is not denied to anyone. 

 

This is the only country in the world where the decision to stop being a boy and becoming a man happens on a particular day. No long pants, circumcision, college or moving out of their parents home.

 

In Argentina, we start to become a grown up the day we need to have a mate, for the first time, alone. It is not by chance. It is not so.

The day a boy puts the kettle on the fire and drinks his first mate without anyone at home, in that minute, is when he discovers he has a soul.

 

The simple mate is nothing more and nothing less than a demonstration of values…

It is the solidarity of bearing those washed mates because the talk is good. 

The company is appreciated.

 

It is respect for time, to speak and to listen, you talk while others drink and it is the sincerity to say: ‘Enough, change the yerba!’.

 

It is the moment of partner-hood.

It is the sensibility to boiling water.

It’s the affection to ask, stupidly, ‘It’s hot, no?’

It is the modesty of who makes the best mate.

It is the generosity of giving to the end.

It is the hospitality of the invitation.

It is the justice of the one by one.

It is the obligation to say thank you, at least once a day.

It is the ethical, frank, and loyal attitude of meeting without any pretensions other than to share. 

 

 

Lalo Mir, sobre el mate

 

El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.

Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.

Es más bien una costumbre, como rascarse.

 

El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace

conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.

Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la

segunda: '¿unos mates?'.

Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los

pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre

hombres serios o inmaduros.

Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes

mientras estudian o se drogan.

Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni

echarse en cara.

 

Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.

 

En verano y en invierno.

 

Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los

buenos y los malos.

Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das

tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo

enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se

te sale el corazón del cuerpo.

Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy

caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito

de limón.

Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La

gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro

responde:

'Como tomes vos'.

Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba

es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con

inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera

de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba,

un vecino tiene y te da.

La yerba no se le niega a nadie.

Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser

un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.

Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de

los padres.

 

Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar

por primera vez unos mates, solos.

No es casualidad. No es porque sí.

El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin

que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene

alma.

El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...

Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es

buena. Es querible la compañia.

Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás

mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la

yerba!'.

 

Es el compañerismo hecho momento.

Es la sensibilidad al agua hirviendo.

Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.

Es la modestia de quien ceba el mejor mate.

Es la generosidad de dar hasta el final.

Es la hospitalidad de la invitación.

Es la justicia de uno por uno.

Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.

Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores

pretensiones que compartir.

 

 

 

 

 

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